lunes, 21 de marzo de 2011

La conciencia posible y la lucha ideológica, Galel Cárdenas

voselsoberano.com | Domingo 20 de Marzo de 2011 21:44

Galel Cárdenas
A Oscar Tábora, crítico  empedernido de la conciencia social.
Lucien Goldmann, uno de los marxistas estructuralistas más destacados del siglo XX, escribió el texto Lukács y Heidegger, hacia un Filosofía nueva, bajo el sello de Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1973,  mismo que está constituido por  fragmentos póstumos reunidos por otro gran intelectual Youssef Ishaghpour.
Lucien Goldamann  nació en 1913 en Bucarest , creció en Botoşani, Rumania, y murió en el año de  1970 en París, se le considera un  filósofo francés y sociólogo de origen judío rumano, ha sido calificado como excelente profesor de La Sorbona, de gran influencia teórica marxista.
Pues bien, en el libro que mencionamos aparece un ensayo denominado “Posibilidad objetiva y conciencia posible”                                                                                                                                                                                                                                                                              en el cual desarrolla la tesis de que toda obra, acción del hombre y de los grupos sociales están determinados por un enfrentamiento entre sujetos colectivos  que son explícitos e implícitos.
¿Que es el sujeto histórico para determinar el sentido de la historia?
Será una repetición y un lugar común expresar que la conciencia es el reflejo de la realidad en nuestro pensamiento y que la conciencia social es el reflejo de la lucha de clases en nuestro poder de reflexión.

Ya se sabe que la base fundamental del desarrollo social está determinada por las relaciones materiales, económicas, que los hombres establecen entre sí a lo largo de la historia.
También es necesario repetir que los hombres en su desempeño social se rigen por concepciones políticas y morales, y que todas esas concepciones pertenece en al campo de la conciencia social, esta última como es de suponer entonces, desempeña un rol protagónico en el desarrollo social.
Se puede decir que la conciencia social es un conjunto de ideas, teorías y opiniones  de los hombres en su interacción social que reflejan precisamente la existencia general en la sociedad-.
La conciencia social es multiforme, compleja y completamente diversa en cada uno de los individuos que están incorporados a las luchas por la liberación del hombre contra el dominio a que es sometido por fuerzas económicas y políticas encargadas de mantener un status quo determinado.

La historia de la sociedad  nos permite comprobar que las ideas y las teorías van cambiando con cada paso en el tiempo, y que las generaciones como expresión dialéctica de lo nuevo que sustituye a lo viejo, van afinando los instrumentos de interpretación del quehacer político de los grupos sociales en completa lucha por la obtención del poder político.
Las clases sociales conjuntadas por sus propias concepciones ideológicas nacidas por el choque de intereses en derredor de la posesión de la propiedad privada y sus formas multifacéticas de manifestarse en el seno de la sociedad, van hilvanando un conjunto de visiones de mundo contrapuestos ante las cuales cada hombre y mujer van definiendo su rol en derredor de ese choque de idas y visiones de mundo.
Es evidente pues que en una sociedad dividida profundamente por las clases antagónicas, la lucha tenaz se desenvuelve en el terreno casi nunca asible de la lucha ideológica.
En esta lucha ideológica de las clases antagónicas aparece la conciencia histórica en primer lugar como una autoconciencia sobre la temporalidad de las generaciones que interactúan para defender los intereses en una época determinada; ya que el sujeto histórico, la conciencia de clase, se da cuenta de que puede incidir en el desarrollo social.
Percibe este sujeto histórico que generaciones precedentes han desarrollado conceptos y acciones que inciden en su actual presente. Pero a la vez, se percata de que está desempeñando un sentido histórico con sus propuestas y sus proyectos ideo-políticos. De allí que cada clase social antagónica se dedique a conocer su historia y en general la historia de su sociedad, con el objetivo de no cometer los mismos errores en la construcción de su nuevo proyecto y de su nueva historia.
Por ello al asumir la clase en sí o sea el reconocimiento de que es capaz como grupo social de incidir en el decurso de la historia, entonces establece su propio  proyecto social que sirve para que en la construcción de su propio futuro, toda acción sirva para consolidar su visión de mundo en derredor de  sus intereses clasistas.
Esa autoconciencia capaz de transformar la totalidad del contexto histórico en que se desenvuelven las clases sociales que han asumido el para sí como una catapulta,  permite auto establecerse como un sujeto colectivo que es histórico.
Se abre de este modo una brecha en el desarrollo de la lucha, la cual consiste en percibir en la puerta del continuum histórico la posibilidad objetiva del progreso o del retroceso.
También denominada por George Lukács como conciencia imputada o conciencia posible, la misma representa, en toda su extensión,  la perspectiva de saber que su incidencia en el mundo contextual es histórica, pero, a la vez una fuerza capaz de transformar la casualidad en necesidad histórica.

Es decir que cuando un hecho causal histórico, abre el abanico de opciones, o posibilidades en el para sí de la clase social revolucionaria, ésta inmediatamente recoge el reto y propone su proyecto colectivo como un posibilidad objetiva de acciones que incidirán en la transformación del decurso sucedáneo para  darle así otro sentido  al suceso histórico.
Se llamará en Historia,  necesidad, al suceso o fenómeno social que se presenta obligatoriamente bajo ciertas condiciones que están emparentadas directamente con el crecimiento del movimiento revolucionario a esta altura ya convertido en una necesidad.
La necesidad entonces nos ubica en la perspectiva de la conciencia posible.
He aquí que Lucien Goldmann nos propone que el sujeto colectivo  desarrolla acciones en derredor de fines, propósitos u objetivos precisos. De manera que realidad y propósito, acciones y condiciones objetivas está ligadas al desarrollo de la conciencia posible, es decir a la construcción de un sendero de acciones en el cual la clase revolucionaria trata por todos los medios de que se convierta en una realidad concreta históricamente determinada.
La estructuración mental que no es otra cosa que la asunción de la conciencia para sí, determina de este modo, que los proyectos de clase tengan la posibilidad de concretizarse en la conquista del poder político de una nación, por ejemplo.
Y es que la posibilidad de alcanzar la totalidad (es decir el dominio o influencia en todos los terrenos de la sociedad) implica el alcance de un máximo de conciencia posible, con la cual el sujeto histórico puede alcanzar las metas trazadas de antemano como una perspectiva histórica.
Solamente comprendiendo el devenir y la totalidad de la sociedad, el sujeto histórico puede abrir una brecha importante para ganar la batalla ideológica en la lucha de clases.
No obstante, en este decurso es importante reconocer que existen clases fundamentales y no fundamentales, y que las primeras están en situación de antagonismo irreconciliable, mientras que las segundas implican contradicciones que son completamente superables. En este caso es impostergable reconocer que las clases antagónicas fundamentales están signadas por la posición que ocupan en el modo de producción de una época determinada históricamente.  Las otras clases no fundamentales pueden perfectamente aliarse entre sí con el objetivo de producir una nueva coyuntura de fuerzas políticas que permitan el triunfo del proyecto de la clase revolucionaria.
La conciencia posible y la posibilidad objetiva, en este caso, representan opciones concretas de lograr el propósito de triunfo de la clase revolucionaria contra la clase reaccionaria.
Determinar en la gama compleja de acciones de un proyecto estas dimensión es precisamente el papel de debe jugar el líder o la clase que vanguardiza un movimiento político clasista.
He aquí el quid de la historia  política, en un corte sincrónico del devenir. Los dirigentes que sean incapaces de ver la otra orilla, asumiendo el egoísmo y capricho como un método de lucha, sólo retardarán las perspectivas de dar el salto cualitativo cuando la dialéctica histórica así lo plantee.

Galel Cárdenas, Poeta, investigador, docente
Miembro de la UAEH (Unión de Artistas y Escritores de Honduras)

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